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DON NARCISO

Hubo algún tiempo, por azares del destino conocí a un personaje con el que me llevé un tremendo desatino, se llamaba Don Narciso.  Era un hombre de alrededor de cuarenta y tantos años, bajito como de metro cincuenta y seis, de tez morena clara, con ojos negritos que parecían asomarse como dos criaturitas inquisitivas, un corte militar le adornaba la cabeza y tenía una voz como de garraspera, tratando de pasar por interesante se acercó al grupo de conocidos reunidos frente a un parque y con sus aires de “tal señor” comenzó a platicar anécdotas sin parar.

Todos mis conocidos en ese preciso instante parecían amenizados, felices y contentos por anécdotas de años, Don Narciso, nos relataba con singular alegría el día que había tendido a bien el tirarse a una chiquilla, engañada por su porte y por lo que él llamaba “su personalidad, enigmática, atrayente, bohemia, literaria, audaz, etc etc etc-”. Yo por supuesto jamás le había visto pero me parecía un tipo entretenido, o al menos esa era mi impresión, todos mis conocidos, reían mientras el contaba aquella anécdota que por momentos a mí me llegaba de la patada.

El hombre cambiaba su anécdota a aquellos días en los que importantes librerías le pedía que escribiera sus memorias más profundas y a miles de idiomas les tradujera; y así siguió durante toda la noche hablando de sí mismo, de lo mucho que le adoraban y le aplaudían gentes de todo el mundo. Como hombres todos reunidos, parecíamos insisto, divertirnos, desde la chiquilla que caía hasta sus aventuras en centros de reuniones donde las mozuelas caían rendidas a sus pies, después de tanto escucharle hablar y hablar, los conocidos parecían casi aletargados, adormecidos, entumidos o incluso puestos en pausa mientras quizá sus mentes divagaban, sería muy arriesgado decir que imaginábamos sus aventuras o que  cada palabra que daba le dábamos un significado importante en nuestras existencias. El hombre siguió hasta las tres de la mañana relatando asuntos sobre sí mismo cuando los conocidos empezaron ya a hastiarse. Valiente alguien del grupo decidió cambiar la conversación, darle un tono en el que todos cantásemos otra canción que no era la de Don Narciso, así que aquel valiente conocido emprendió de pronto a tararear a cerca de política…

Oh dioses supremos de la creación ¿para que aquella maldita palabra profirió? , la política y la religión como los equipos de futbol y la literatura son a mi parecer tiros certeros de suicidio para una reunión. Y dicha la palabra se comenzaron a mezclar ideas contrarias de política, literatura, religión y  por si fuera poco terminamos con futbol. Como resultado Don Narciso nos pensó a todos idiotas, sumisos y lo que fue peor ignorantes, dándole la espalda a comentarios interesantes sobre el tema de política, comentarios que fueron respetables y sustentados con bases, dichas bases de las que Don Narciso no podía debatir pues se le escapaban los argumentos y atentaba contra toda parsimonia declarándose el absoluto conocedor de la panacea de la verdad.

Lo cierto es que de los variados conocidos muchos no contábamos con un título universitario que nos abalase como estudiosos, pero a mi parecer teníamos de nuestro lado la escuela de la que uno nunca saca un titulo al finalizar de ella, pues lo más que se puede obtener para la trascendencia es un digno epitafio de nuestras tumbas; me refiero , a la escuela de la vida, esa que te tira cuando te crees en la cima y la que te levanta cuando te encuentras perdido; con ello quiero decir que de acuerdo a dicha Facultad de vida teníamos las mismas oportunidades de síntesis y reflexión que las de Don Narciso. El hecho de no asistir a una escuela normalizada no nos convertía, en idiotas ni ignorantes, podíamos con nuestras propias existencias debatir y analizar tras observar un hecho desde nuestras posturas la “realidad”. ¡Ojo! Con realidad no quiero decir que sea la verdad, puesto que creo que existen múltiples verdades que a Don Narciso le costaban vislumbrar.

Y por ello parecía que ni mil títulos, entre licenciaturas, maestrías y doctorados, podrían abrirle el suntuoso panorama que es la enriquecedora vida. Y así volvieron a pasar las horas en las que Don Narciso hizo por fuerza que cada uno cansado de emitir su opinión se apartaran de él; muchos de los conocidos terminaron reconociendo que a Don Narciso su madre debía adorar porque muchos de nosotros se la recordamos cuando empezamos a andar a nuestros respectivos hogares.

El tiempo comenzó a pasar y por el mismo capricho del destino a Don Narciso me hube de encontrar no solo en la primera, ni en la segunda, ni en la tercera reunión, aquel tipo parecía una maldición que recitaba como el verbo o la divina palabra lo que él denominaba sus enseñanzas.

Lo peor de todo, no fue encontrarle, ni mirarle, ni leerle, porque en alguna reunioncilla, Don Narciso comenzó a repartir como dulces navideños sus “enseñanzas” en panfletos, y es aquí donde digo lo peor… eso, el hecho de que sus “amigos” su grupo selecto comenzará a aplaudirle en lugar de debatirle, en lugar de construir o de co-construirle, parecían azotados, no sé, por una necesidad inhumana de sobarle el hombro o como dijese el proverbio antiguo “Asinus asinum fricat”, a creerle el mesías de las enseñanzas, y de muy variados tipos, desde ciencia, historia, religión, fútbol, música, psicología, cine, biología bla bla bla.

Después de tanto pisotearlos y menguarlos con sus enseñanzas iban de un estado mortal a un zombi voraz, ávidos de conocimientos que su creador les podía dar, sin siquiera poder a su líder refutar pues dicho levantamiento intelectual constituía la eliminación de su “grupo selecto”. Fue sin duda triste para mí mirar como el intelecto de verdad fue perdiendo adeptos ganados por la soberbia de Don Narciso, que anulaba cualquier sublevación que fuese con un simple: “tú no has estudiado, no sabes nada”.

Fue incluso más triste descubrir que Don Narciso incremento sus adeptos y  con ello su propio ego proclamándolo con falsas estadísticas y con falsos panfletos, copiados y pegado de quién sabe qué pobre fulano que intentaba sus ideas hacer llegar a las masas. Lo  que parece ser cierto es que Don Narciso seguirá creciendo como las ramas torcidas del árbol y que a veces contagiará mentes pequeñas, mentes encerradas, en su propia flojedad, mentes a las que puedes mostrar una llama y arriesgarte a decir que eres el creador del fuego.

En conclusión, muchos hemos sido relegados del “grupo selecto” de Don Narciso, solo aquellos que nos atrevimos a decirle al tal señor que opinábamos contrario a  sus ideas y que en la vida existe más que un arbolito, recordándole que para ser uno tiene que subir poco a poco el árbol para desde la cima ver el bosque, o las nubes, las estrellas y el mar, que para crecer uno tiene primero que andar, y que pese a la investidura, los títulos, y aquellos pequeños triunfos llámesele profesionales uno no deja de ser humano.

Lo cierto es que parece ser que en el mundo existen muchos “Don Narcisos” en múltiples aspectos, y lo cierto parece ser que tampoco cambiaran “su modus operandi” o “su modus vivendi”, que seguirán caminando entre las nubes de lo que ellos llaman el conocimiento, porque ciertos factores de su vida les han favorecido para estar dentro de un contexto determinado. Pero también queda un consuelo para aquellos que convivimos con dicha especie, si es que deseamos llevar la fiesta en paz, quizá es preciso recordar que por encima de uno suele existir siempre un individuo más capaz.

Aprender humildad no es pecata minuta, al parecer muchos piensan que la tienen, y muchos otros la olvidan y dejan de practicarla, dicho sea de paso los Don Narcisos me inspiran más que rencor una lástima impresionante, pues intentan llenar sus vacios emocionales minimizando la existencia de los demás, pero les comprendo debe ser  muy complicado que: “siendo Dioses estén condenados a caminar entre mortales”. Por último, no os preocupéis, aquella persona que te minimiza, minimiza el  universo valioso de tú conocimiento, de tus experiencias, de tú sabiduría, de tus anécdotas, de tu aprendizaje. Al final puedo comprender: Don Narciso se ha perdido de maravillosos universos diferentes al suyo, solo por  sentirse un Dios entre mortales.

PD: Difunde la palabra, las verdades del ayer serán las mentiras del mañana, la panacea de la verdad es una falacia.
Por VashdaryanSafe Creative #1207302046074

1 comentario:

  1. Un excelente escrito... cuantos narcisos hemos conocido a lo largo de nuestras vidas?

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