El
sol salió con todo su esplendor desde lo alto, y con todos sus sentidos, abrió
la puerta del corazón de la Luna.
Dos pequeñas luces eran ellos, separados, juntos eran una flama ardiendo, brillaban intensamente, el mundo era pequeño comparado con su amor, la casualidad le hizo mirarse un día, la vida les había juntado, la envidia no les tocaba. Volaban siempre juntos , a veces tomados de las manos, a veces volaban sin tocarse, pero siempre en la distancia tenían esa mirada y una especie de magia que les hacia brillar intensamente, cuando uno se entristecía arrullaba al otro y el otro arrullaba al uno, eran la arena y el mar, las nubes y el cielo, la lluvia y el viento.
El hacedor del mundo les contemplo y decidió ponerles la más dura prueba , les convirtió en mortales , les hizo abandonar el sueño en el que habitaban, para que moraran en la tierra, separados por una infranqueable distancia, su nueva existencia le hizo atravesar muchas pruebas, ambos comenzaron a sufrir incompletos, él comenzó a andar por muchas aventuras y aunque sonreía sentía quizás que algo que alimentara su alma le faltaba. Ella por otro lado comenzó a caminar por la orilla del infierno, deambulando entre alcanzar sus sueños, buscando constantemente donde no debía, ambos por pensar que habían encontrado sufrieron caídas que les marcaron.
Un día sin embargo, el sol estaba en lo alto y las nubes comenzaron a amontonarse como amorosas y esponjadas aves, el viento cantaba una dulce melodía mientras él se sentaba a esperar algo, ella con su sonrisa cansada y una mueca de fastidio, camino por el estrecho pasillo hasta llegar a aquel cibercafé, abrió sin querer su red y le encontró ahí sentado con una cruz en colgando en su pecho.
Ella quizás demasiado decir era la luna oscura… negra…el viento que corría helado con un toque sumamente nostálgico; se sentaba siempre a los pies de un extraño y viejo roble, respiraba profundo y pensaba en todas sus dudas, en aquellas cosas que le pasaban, que le herían, más nunca se detenia demasiado en ellas, solamente en aquel gran enigma del amor colocaba suma atención.
Su espacio se tornaba cada vez más frio,podía sentirlo en cada rincón de su ser la noche era oscura y la luna no brillaba, como muerta estaba en aquel negro firmamento.
Cerraba
los ojos y esperaba caer en un sueño profundo, nadie asistía... sus labios
amoratados, sus manos congeladas; y de pronto comenzó a sentir algo diferente, sintió un cálido abrazo
en la lejanía, lejanía que pronto acabaria, el abandono y la tristeza cesarían.
Se siente tan bien, se siente excelente-se dijo- esto es muy raro,
a este oscuro rencinto, en este jardín nadie se atreve a venir.
Una voz de, colapso sus pensamientos: tiernamente le decía... ¡¡¡¡¡¡La soledad nunca jamás!!!!!!!!, el hielo espeso que le cubría, lentamente se quebraba dejándola expuesta otra vez, sensible a su tacto… y pensó: es mi piel.
Una voz de, colapso sus pensamientos: tiernamente le decía... ¡¡¡¡¡¡La soledad nunca jamás!!!!!!!!, el hielo espeso que le cubría, lentamente se quebraba dejándola expuesta otra vez, sensible a su tacto… y pensó: es mi piel.
Su corazón volvió latir, de nuevo a la vida llegó la luna que se puso a titilar, primero despacio luego con gran intesidad. Y cuál fue mi sorpresa al ver que la estrella más brillante, había dejado su sitio, para quedarse conmigo, y con su brillante luz.
Ahora...
En aquellas noches oscuras, mientras me siento bajo la sombra de este árbol, suelo meditar sobre mis dudas, junto a aquella luz hermosa, mi SOL, dejo pasar las dudas pues he resuelto la más grande ellas, la existencia del AMOR.
Por : Vashdaryan

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