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Dulce y Amarga Aflicción


Tomándome un respiro de ante todo lo sucedido.
Asimilando aquellas cosas que me pudieses haber dicho
aquél día en el que traté de unificar dos almas estando al acecho.
Inútilmente las fantasías ya se habían perdido.

“¿Estuvo bien? ¿Estuvo mal?” Siempre la misma pregunta;
hoy en día sigue aún sin que la pueda responder.
Probablemente tú jamás pensaste en la respuesta,
pues en esos momentos de delirio sólo te embriagabas de placer.

Decaída, cada momento en esos días
pensando mil formas de tomar una decisión.
Culpable, teniendo a mi lado a mis dos guías
que a veces me apuraban para terminar con mi aflicción.

Se dice que los actos no se deben de arrepentir
pues en ese momento se eligen basándose en una decisión.
La diferencia es que bien sabías mentir
y que, ilusa, recaía a tus labios que se volvían mi adicción.

Y cada momento juntos era la misma historia:
Risas y bromas como los ayeres no arruinados,
y de repente tus ojos se ennegrecían por sombríos recuerdos
y volvía la oscura letanía de tus labios, ahora a mi memoria.

Como hoy, despierto con una amargura en mi pecho
por volver a ese primer día, en que condené a mi vida
a un martirio que me llevaba a la huida
de mi ser, con llantos y desprecios a mi persona por lo que marcó ese hecho.

Gritos y reproches mudos inundan mi habitación.
En la esquina de una repisa, la condena de una dulce aflicción.
A mi lado el objeto que presenció los momentos de amargo dolor;
el que se volvió el cómplice de esos días en que el gris era su color.

Alguien un día me preguntó: “¿Te arrepientes de ese momento?”
Evité su mirada, desviando la mía hacia el firmamento.
Con lágrimas en los ojos le pude responder:
“No hay nada más que odie, quizá no me puedas comprender.

Cada palabra que dijo me incitó a volverle a creer.
Cada beso que me dio, cegó mi razón de ser.
Al entrelazar su mano en la mía alivió todo mi pesar,
y al escuchar ese <te amo> fue suficiente para hacerme llorar.

Todos esos actos, en ese instante los amé;
volví a creer que de nuevo, la historia de ambos se volvería a corregir.
Sin embargo, como siempre, todo eso una ilusión fue
Porque sus palabras dichas me dijeron que sólo volvió a fingir.

-Lo lamento. En esos momentos dices cosas que no son,
por eso ahora te digo que ese <te amo> lo dije sin razón.
Estoy consciente que como ahora te lastimará
Y que mucho de lo que pasó, quiero que no te vuelvas a ilusionar.-

Ahora te respondo: ¿Qué si no me arrepiento de ese momento?
Me arrepiento de ser una ilusa y de dar todo sin pensar.
Le odio y me odio porque arruinó algo bello que no podré regresar.
Jamás le interesó y sólo lastimó, convirtiendo eso en otro tormento.”

Y ahora vuelvo a escribir como antes lo hacía,
tal vez para olvidarte y darle fin a ésta agonía.
Si me fuese fácil enmendar todo nuestro pasado,
cambiaría el absurdo momento en el que creí que volverías a mi lado.

Isabel N. Osnaya


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