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| "Mi eterna poesía. Mi alma encaminada. Libera en tus roces lo que es sublime para el alma." |
Entre líneas las palabras huyen, dejando rastros
invisibles. Esconden el sutil roce, de donde brota la ligera esperanza de las
ilusiones perdidas.
Conceden a imaginantes el placer de un viaje que posiblemente no serán capaces de recordar.
Seducen y liberan tras cada rasgo; buscan y pierden su contorno cada que
alguien libera la irrealidad en su superficie.
Sacian la sed de aquellos seres que han perdido la visión
sobre ellos cruzando el horizonte. Consuelan a las almas desesperadas,
afligidas de amor y carentes de esperanza.
Observan las esquinas de una habitación desolada, que al
tiempo se va cubriendo de un gélido toque de nostalgia y melancolía. Rozan los
pétalos de las flores muertas en donde han posado su cuerpo y dejaron en
libertad aquellas condenas que se aprisionaban en su pecho.
Tibios ríos comienzan a demacrar sus rostros y recorren
las apenas visibles llanuras… Caudales desolados.
Y en su lugar; y en cada estrofa; en cada soplo liberado
de los atardeceres en pleno suicidio, emerge del olvido un suspiro que envuelve
apasionadamente las emociones que acabaron por perderse un día, en donde se
declinó la línea no pronunciada; en donde, con abatimiento, se reservaron por
temor a no ser correspondidos.
Aquellas palabras nacen y crecen, se transforman y con un
sublime giro penetran las sensibles memorias que no quieren ser olvidadas… -¿y
mueren?- No mueren… jamás mueren…
A través de las cortinas; a través de las rejas; a través
de los paisajes que no son explorados, aquellos que jamás han sido profanados.
Se escabullen, se esconden, mas no acechan, mas no amenazan… Te invitan, te
embriagan, acribillan el pensamiento, devastándolo con ideas, con libertades.
Devuelven a su rumbo aquella vida que vendó sus ojos y se dirigía directo al
abismo. Destierran los silencios, condenan los miedos, alimentan el fuego que
había sido consumado.
Las bellas crisálidas emergen, mientras deprenden sueños
y, en donde cambian las sensaciones, cantan y bailan en su reencuentro los
viejos y olvidados amores que en la eternidad fueron encerrados. Repiten y
gritan con alegre entonación los agradecimientos que se disuelven con el
viento… Fueron liberados.
Una poesía que nació de una pluma, una solicitud que fue
entregada para la liberación de una emoción. En lo profundo del cielo se puede
ver el rostro que se creó de la tristeza; en las pesadillas aún se vislumbra el
sueño que murió por soledad.
Cada uno posee una letra; cada uno revive una palabra.
Cada quien revive la esperanza en donde le devuelve la
vida al alma.
Isabel N. Osnaya
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