Cada suplicio, cada
herida, cada remordimiento en la orilla de mis labios.
Cada que mis dedos rozan
las esquinas de un cuarto a medio cerrar.
Cada que veo en mí las
sensaciones del sacrificio que he creado.
Los ojos giran al compás
de una dulce melodía inerte.
Las manos confabulan,
entrelazando dedos en mantos y texturas irregulares.
Las miles de metamorfosis
que ahora vuelan por doquier.
En las llanuras que no son
percibidas, en las brisas que no son presentidas.
Cada mirada, cada
cicatriz, cada aliento que gastamos sin necesidad.
Con el deseo de redimirnos
ante el ligero brote de seducción desvariada.
Cada respiro, cada
sentimiento de temor, cada dibujo inapropiado en la piel.
Aquí van de nuevo, las
sensaciones que se desatan con insensible locura.
Sentimos los ligeros
golpes que no dejamos curar.
Las intenciones que nos
amarran cada vez más
La puerta que ahora ha
sido abierta, no la dejes cerrar jamás.
El miedo que saboreamos
ante el exquisito acto de pasión.
Los sonidos que huyen y
desaparecen, envueltos en promesas.
Oscuras intenciones
asomándose, palpando y rasgando con ansiedad.
La realidad silenciosa de
los secretos que se crean en ti y en mí.
Memorias que callan al
tiempo, susurrando dentro de nosotros.
Expirares que se atrapan mágicamente
en el contorno irregular.
Silenciosamente, se
recorre de nuevo el pasadizo, recreando emociones.
Mirando, jadeando… De
nuevo cultivando los amaneceres olvidados.
Isabel N. Osnaya

¡Es más que hermoso!
ResponderEliminarCon las palabras suficientes para tu concepto :)
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarMuchas gracias :)
EliminarTodo tiene un por qué