Re-encuentro
En retrospectiva, siempre he pensado que la
mayoría de las veces uno hace lo que hace porque así lo quiere. Otras veces me
doy cuenta que uno hace lo que no quiere por sus impulsos.
¿Será posible que todo tenga sentido hasta ahora?
En la vida existen contradicciones –por supuesto-, pero eso no evita que
sigamos sintiendo felicidad. ¿Me detengo ahora?
Y al revés, las mismas contradicciones
conllevan a sentir tristeza o desesperación por algo, a lo que vuelvo, ¿me
detengo ahora?
Miro el reloj: Son pasadas ya las 12 de la
noche, afuera se oye el murmullo de una calle sin vida y dentro de mí, el
estrujar de mis vísceras por quién sabe qué razón. La fortuita llegada de ese
puzzle que ahora intento armar después
de tanto tiempo abandonado hace dar vueltas mi cabeza.
En mí convergen millones de pensamientos que
estallan cuando giro la pantalla. Aún no estoy lista. ¿Vuelvo a mirar a atrás?
Bastantes discusiones con esa voz que no deja
de parlotear, incesante, de que deje las cosas como están y no intente mover
algo. ¿Tendrá razón? Y aunque la tuviera -espero que no-, mi determinación no
dejaría que siguiera avanzando.
Vuelvo a mirar al reloj: Pasadas las 2…
…
De nuevo le repito, y no me cansaré de
hacerlo. Hace oídos sordos cuando bien sabe escuchar. Hace ojos ciegos cuando
bien sabe interpretar lo que ve. Hace mente cerrada cuando jamás ha callado lo
que piensa. ¿Por qué ahora? ¿Por qué de nuevo?
Finge no ver. Finge no sentir. Finge no
escucharme. Finge no tenerme. Finge encerrarme.
Pero, ¿por qué?
Los sentimientos flotan, como aquella hoja de
un sauce que se ha posado sobre la superficie de un río.
Las verdades duelen, como esa daga que
atraviesa lentamente las entrañas, sin mostrar intención de ser rápido ni dejar
de hacerlo.
Es como un pago. Es como el dar-recibir de la
vida.
Yo te presto, pero llegará el día en que
tendrás que hacer lo mismo. Yo te ofrezco, y de la misma manera llegará el día
en que tendrás que hacer lo mismo… Ella sabe eso. Es su filosofía.
¿Pero por qué no escucha? ¿Por qué dejó de
aplicarla?
Yo sé la razón. La grito, la entierro en su
razón. Momentos que me escucha y de nuevo se aviva esa llama de su alma
desbocada. ¿Pero qué sucede después? Es como si me distrajera, y de nuevo me
encuentro en el mismo lugar.
Ha
mirado el reloj: Pasadas las dos…
…
¿Qué tendrá de malo? (¿Es
este tu legado?)
¿Querrá apartarme de todo? (¿Es
que tú sola te encierras de todo?)
¡Aparta la vista ya de eso! (¡Quiero
que vea lo que en su mente ha logrado!)
…
Miro por última vez el reloj: Las 4 en punto…
Tarde de nuevo. Y el puzzle sigue estando en
su lugar.
Las piezas desencajadas. Algunas con las
marcas de haber querido hacer embonar a la fuerza. Otras con signos de jamás
haberlas tocado. Tan bellas piezas en donde sólo una difiere de las demás.
¿Qué diferencia a esa de las demás?
…
Todo tiene que volver a su sitio.
…
Puzzle guardado y en marcha a adentrarme a mis
sueños…
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