La forma
en cómo desvaneces mi fragilidad es más absurda que un cristal que se quiebra
al contacto de la sólida roca.
El
camino que no se contempla cuando se hace eco de aquello que ha salido
envenenado para matar la cordura.
La
solemne convicción de la idea ahora de la cual profesas, como el símbolo
absoluto de una eterna condena.
Se
marchita la flor que en invierno no ha de encontrar el esplendor de su
fragancia cuando la noche arriba, temprana.
La
manera en cómo, fácilmente, me hago vigía en estas noches de insomnio, evitando
el susurro del viento.
Como
huyendo, la inquietante frase distorsionada da media vuelta para alojarse
debajo de la almohada.
Como un
navío, se izan las velas listas para recibir el arrojo del viento, todo listo
para partir.
Como
saltando sobre las rocas de un río para cruzarlo se dibujan los asaltantes de
media noche, ahora aguardando.
Todo
aquello y sin más, se arropan de gala la inocencia y fragilidad, llevando por
antifaz la duda y un poco de frialdad.
¡Belleza!
Belleza sin el compás del baile que apacigua ésta noche, donde aparece entonces
la mascarada con su roce.
Rostro,
cuello, hombros, brazos… ¿Sabes a lo que me refiero? De nuevo… Rostro, cuello,
hombros, brazos…
Sin
más, ahora, la roca como cristal y el cristal roto como la arena en el mar.
El
veneno como un antídoto y la cordura como frenesí.
La
condena como un don y la idea entremezclada con la razón, espina dañina, como
la duda con temor.
Vamos,
una vez más: La forma en cómo desvaneces mi fragilidad es más absurda que un
cristal que se quiebra al contacto de la sólida roca… tan sólida.
-Weiter Das Kind

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