¿Ya un siglo?
Se escucha al
atardecer las campanas, sigilosas.
Atraen de nuevo a
los condenados. Les llama.
Tocan ante la
puerta ahora cerrada. ¿Qué buscarán?
Ya es su hora.
Llegó el momento de despertar.
Despertar a los
sueños malditos por irreales.
Quitar su letargo
provocado por los años
y aclamar su
lugar, como poseídos del llamado.
Hay cierto horror
impregnado en el ambiente,
aquél aroma indefinido
y total.
Rodea la
exquisita muerte lenta del día,
aquella que
reencarnará en la noche.
Las campanadas ahora
suenan más fuerte.
La puerta
continúa cerrada. Nada la abrirá.
Las posesiones no
pararán hasta que decaiga la noche.
El llamado no
cesará hasta derrocar la campana.
El sueño no
acabará, la puerta no se abrirá.
La noche se
volverá día y todo perecerá.
El exquisito
horror que provoca el atardecer
se verá opacado
por la consciente realidad.
¿Ya un siglo?
Todo continúa en
su lugar.
El atardecer
trajo consigo la noche
pero no con ella
la oscuridad.
¿Qué se espera
para tener el día?

No hay comentarios:
Publicar un comentario