De nuevo me presento, no sin antes volverte a mirar de reojo, esperando
algún indicio de tu desesperada presencia. Algún suspiro, algún parpadeo, algún
signo de aburrición que pueda causarte nuestra presencia. ¿Es que acaso no
puedes ser más que lo irreal?
Entorno los ojos al pillarme a mí misma fantaseando de nuevo, y con
recelo vuelvo a posar mis ojos sobre mis manos que yacen sobre mis piernas
mientras reanudo mi cuenta de tu acompasada respiración que es visible a lo
lejos por los movimientos de tu pecho: “25… 26… 27… 28… 29… 30…”.
Sin más, interrumpes mi secreta afición cuando decides ponerte de pie y
disponerte a caminar, solo. No volteas y continúas tu marcha, con tus pasos
lentos que ahora yo empiezo a contar: “1… 2… 3… 4… 5…”. Te veo marchar y de
nuevo me vuelvo a preguntar cuándo volverás a retomar tus pasos hacia aquí.
Marco una nota en mi mente, recordándome cuan tonta me encuentro
volviendo mis pasos hacia aquí, buscando tu presencia y pasando yo a actuar
como una incógnita más de entre todo este mundo de preguntas.
No nos miramos nunca. No nos encontramos nunca. No conocemos más que lo
que yo pueda fantasear cada que de ti extraigo poco a poco tus secretos: Tus
ademanes; tus ceños fruncidos por alguna preocupación o por algún olvido; tu sorpresa
por, quizá, hallarte pensando sobre lo que pudieses hacer; tus momentos
privados en los que acostumbras cerrar tus ojos y fingir que duermes, mas tu
respiración te delata. Siempre la he contado.
Ahora es mi turno de marcharme, no sin antes mirar el ocaso que ahora
cubre todo éste lugar con sus tonalidades rojizas y naranjas. Hoy es más tarde
que ayer, y ayer que el antier. Cada día es más tarde que el día anterior.
Y parece que todo se da cuenta de que cada instante es preciso para que
todo se pueda despedir.
-Weiter
Das Kind

No hay comentarios:
Publicar un comentario