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| "Matices, matices. Cubran éste cielo por siempre. Rojo, amatista y verde." |
Marcado por el desconcierto, es cuando ahora se torna todo de color
grisáceo matizado de carmines y ligeros amatistas bajo ésta lluvia interminable
del desierto que no desea dejar de ser infinito para el ojo del imbécil recostado
sobre su hombro.
¿Y es que acaso ignoramos la incertidumbre que nos revela que, aquí y
ahora, el viento se alza como una jauría recelosa bajo el inaguantable peso de
sus hombros? ¿O es más infalible que eso? ¿Es acaso el cristal pintado de
negro, con la intención de no dejar prever el desconcierto del ambiente?
Mareas rojas y violáceas ahora inundan aquél desierto desconsolado
sobre los propios ojos de aquél desdichado. Las garras del viento se trastornan
en vaivenes de la arena retorcida con el sutil matizado que dejó congelada la
bruma de la noche.
Y a lo lejos se oye el rumor de un ave implorando ser capaz de
abandonar su vuelo por un poco de tranquilidad. Dejar que sus alas descansen y
posar sus tibias patas sobre un frío fragmento de roca o madera y penetrar su
soledad con un poco del arrebato implacable que causa la frívola noche.
El sigilo del agua que sigue su cauce hasta el inmenso mar del cual no habrá
de retornar se inmiscuye como apartando la atención de la vida a lo inanimado.
Brilla y en su reflejo no hay más como aquél, de nuevo e indiscutible matiz,
ahora perdido, ahora inconsciente y absorto de la realidad, creando y
destruyendo el ambiente en el cual ahora, aquél desolado, intenta aferrarse
mientras se acurruca de nuevo, posando sus sienes sobre la serpenteante y
rugosa arena, la cual jamás un refugio le habrá de brindar.
-Weiter
Das Kind

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