Me despierto cada mañana somnolienta, sola.
Me levanto y enjuago mi cara sintiéndome
maldecida.
Me despierto y siento ese amargo sabor en mi
boca
que me condena a otro amanecer junto a este día.
que me condena a otro amanecer junto a este día.
Por la noche es liviano el silbido del viento
cada vez que roza mi ventana, queriendo pasar.
cada vez que roza mi ventana, queriendo pasar.
Es más oscuro que éste café amargo que bebo
diario
para sentir como se desgarra mi garganta, aún fría.
para sentir como se desgarra mi garganta, aún fría.
Me aterro, volteo y recargo la cabeza en torno a
nada;
las aves comienzan su rutina acechándome en mi casa.
las aves comienzan su rutina acechándome en mi casa.
Doy otro sorbo al café que no levanta mi
consuelo
y creo que el sabor amargo no es más fuerte que mi lamento.
y creo que el sabor amargo no es más fuerte que mi lamento.
Arriba, a lo lejos, comienza un nuevo día
que nadie es capaz de ver, sin embargo resplandece.
Arriba, de nuevo, llama a los condenados a
respirar
y dejar todo el miedo por el sabor de un amargo-dulce.
y dejar todo el miedo por el sabor de un amargo-dulce.
Amargo como un despertar frívolo,
amargo como un sorbo a esta taza de café,
amargo este siniestro momento en donde, cada vez,
es de ti en cuanto mi boca amanece fría y gris.
amargo como un sorbo a esta taza de café,
amargo este siniestro momento en donde, cada vez,
es de ti en cuanto mi boca amanece fría y gris.
-Weiter Das Kind

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