Cada alma
sueña con encontrarse y vaya uno saber de qué manera. No todas son iguales;
unas vuelan, otras nadan. Hay algunas que en lugar de brazos y piernas les
brotan raíces y ramas.
Hay almas
que las rodea el color azul semejante al cielo, otras en donde el fuego posa
sus cabellos y hace arder sus cuerpos. Los elementos emergen en cada una de ellas
y es por eso que hay almas que con solo una mirada hacen arder tu interior, o
hay otras que cuando abrazan te hacen sentir fuerte.
Ninguna sabe
de dónde proviene, algunas se encuentran perdidas y comienzan a secarse como
flores en invierno, se funden con la tierra y se vuelven desierto; otras se
vuelven estáticas e imitan el mundo (dicen que de ahí nacieron los reflejos).
Y otras, que
viven el día a día mezclándose con el viento y fundiéndose con la lluvia, esas
almas que cambian de forma y que pueden ser fuego y agua a la vez. Bailan bajo
árboles otoñales y hacen caminos con piedras y hojas.
Son esas
almas indomables que han cambiado con el tiempo rehusándose a volverse
desierto; aman al amor, le lloran al amor. Son “Los amorosos” que Sabines un
día describió. Son capaces de convertir las nubes en planetas y constelaciones
en hogares donde habitar.
Les han de
llamar “locos marginados”. Locos porque huyen de la simpleza, marginados porque
la mayoría huyen de ellos.
Cada alma
elige su destino, la manera en cómo vivir y cómo crecer.
Si dejas
liberar tu alma sabrás reconocer si te has vuelto desierto o continúas leyendo
el Universo…
—Weiter Das
Kind
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