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Since I could remember (Memorias en la marea)

La diferencia entre el fuego y la vela es inmensa, todos lo sabemos. Es un amor que con el tiempo uno acaba con el otro, lo mata, lo marchita.

Sin embargo, darse cuenta que la distancia es <lo mejor> es una de las grandes valentías de la vida. No a todos se nos da la fortaleza necesaria para dejar ir aquello que más quieres, o en su defecto, que más amas sabiendo que puede ser más feliz y no ser la vela que se derrite con la fuerza del fuego.

Una fogata necesita de fuego y madera para arder, pero con el paso del tiempo debe existir más madera para que el fuego siga en pie. La madera debe dar más de sí misma para alimentar a su fuego.

Vela, fogata, sea como sea la metáfora siempre será el mismo resultado: Alguno de los dos protagonistas saldrá más herido que el otro. Alguien amará más, cuidará más y no por el hecho de que la otra parte no lo haga, sino porque todos somos diferentes, queremos diferente, demostramos diferente.

Ser fuertes es algo que debe admirarse; el levantar la cabeza y aceptar el error, enfrentarlo y darle fin sabiendo que es lo correcto no es para cualquier mortal. La fuerza y valentía van de la mano para darnos siempre una oportunidad de seguir luchando otras batallas que habrán de presentarse. Son las medallas que el corazón lleva, el oro que cura un jarrón roto. Es la nobleza del alma que cada uno lleva y que hace de cada uno un ser lleno de luz que por siempre habrá de brillar.


<Since I could remember> es el nombre de esta historia. Un pequeño secreto que ahora se lo dejo al viento para que pueda susurrártelo en tu oído. Dejo este legado marcado con tinta sangre de ambos, de batallas, derrotas y conquistas que cada quien pudo ofrecer. La madurez y el amor suelen ser heterogéneos en los corazones, sin embargo fuimos capaces de mezclarlos bien ante cualquier ley química prescrita. “Sonata de invierno” en verano fue “un pedacito de utopía” que elegí dedicarte. “Cuando se compara lo cotidiano con lo cercano a nosotros” hace que todo se vuelva irreal, y al final de la última estrofa está la causa de haberte moldeado a mi ritmo.
 Sonríe puesto que los inevitables seguirán habitando aquí… desde que puedo recordar.


—Weiter Das Kind


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