“Intro”
Sonido. Luz. Oscuridad.
Sonido. Luz. Oscuridad.
Luz. Sonrisa. Estruendo.
Luz. Sonrisa. Estruendo.
Suspiro. Estruendo.
Calma. Suspiro. Estruendo. Calma.
Sonido. Luz. Oscuridad.
Sonido. Luz. Oscuridad.
Cuando el funesto público
calla.
Se da la bienvenida al
comienzo del fin.
Cuando cada anfitrión
afina sus instrumentos.
Cerrad los ojos –al fin.
Aplaudir, por favor.
…
“La sinfonía de la
destrucción (Destrozando el cielo)”
El cielo cruje con brutal
estruendo, haciendo eco de mis plegarias al hacerme partícipe de tu
atrevimiento.
El cielo aclama tu
existencia en cenizas, arremolinándose con torrente ira y haciendo fundir su
fuerza ante cualquier profeta.
Cada uno de mis profundos
deseos ahora se refleja con furia, iluminando el cielo. No me considero Madre Tierra,
pero sí la dueña de los Vientos, aquella que poco a poco atrae esa fuerza que
ahora sólo espera el poder alcanzarte para difuminar cada uno de tus condenados
rasgos.
Cada aliado me secunda,
haciendo de toda esta noche una sinfonía: ‘La sinfonía de la destrucción’. Esa
centelleante melodía que atrae a mis manos la maldita profecía que no quería se
volviera realidad. Aquella, en donde toda mi orquesta está dispuesta a contar
tus pasos e irlos aprisionando, eliminando latentes huellas que tú, sin
obviarlas, transcribiste en mi contrato.
No vaciles ahora; no
reflejes lo que a mis espaldas nunca dijiste. Tarde o temprano, mi sutileza
disfrazada, se confundirá con el eco de la brisa que lentamente atraerá la
sombra lúgubre de tu absoluta agonía.
…
“Abyss”
Latido. Paso. Latido.
Paso.
Corre, huye. Sigue la
línea que yo misma formé para ti.
Jadea, tropieza. Reza las
malditas plegarias que no sabes pronunciar.
¿Verdad que la lluvia es
más dulce cuando el viento la acompaña? ¿Verdad que el peligro se ha
transformado en una barrera blanca que te prohíbe respirar?
Acompáñame. Ésta melodía
aún no termina… Sólo espera.
Rasga, suplica. Laméntate
por secundar mis aullidos cuando sólo mirabas a lo lejos.
Ríe, enloquece. Esa
frenética fuerza que se apoderó de ti, ahora se aleja, dejándote frágil.
Dulce compás que somos
capaces de entonar. Amargo acorde, el cual estoy a punto de culminar.
…
“Sin retorno”
Así, muy bien.
Recuéstate. Deja fluir tu respirar ahora que todo ha terminado.
No llores, ten calma. La
devastadora fragilidad ahora cubrirá los contornos de éste desolado teatro.
Observa, abre los ojos.
Sigue canturreando aquellos sonidos que no tienen simetría.
Detente, ahora duerme. El
silbido que se escabulle a través de la ventana es la nana que siempre te
abraza.
Patea, no corras. No
encierres las pesadillas debajo de tu cama, ni mires a las sombras que recorren
en hileras el contorno de tu cama.
Sumérgete, vamos. Lejos
de aquí es mejor que pasar el resto del tormento observando desde la niebla.
La función ha terminado.
Disfrutaste la vista. A yacer en la tumba, en donde fríos brazos acorralarán tu
cuerpo impidiéndote respirar.
Las ovaciones se
esfumaron. Tu sonrisa fue máxima. Ahora en su lugar los grilletes donde dejaron
su estancia, rodeando tobillos y muñecas.
Duerme –muere. Baja más
tu acompasado respirar.
Cierra los ojos –perece.
La lejanía te espera, con el viento a disposición.
…
“Réquiem”
La soltura de tu cuerpo
ahora se asemeja a los giros del viento alrededor de las hojas.
La sonrisa que destaca
cuando escuchas a lo lejos esa melodía inexistente.
Los pasos en compás que
liberas cuando caminas ligera hacia la nada.
Los giros sin sentido
cuando cambia aquél ritmo en donde no hay persecutor.
Ese viento que recorre tu
cintura y te permite moverte con fragilidad.
Ese mismo viento que tú
creaste a gracia de tu existencia.
Aquél que te secunda sin
ser acompañante, sólo en tempestades.
Dama y Viento. El renacer
de un nombre.
Dama y Viento. El sueño
de infante impreso en palabras.
Dama y Viento. El poder
anhelado plasmado en el mundo.
Dama. Viento. Tu nombre
asemejado al retornar al comienzo.
-Weiter
Das Kind.

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